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Existe una extraña tendencia histórica, que muestra que cada vez que se produce un evento deportivo mundial de gran magnitud, las redes, las aplicaciones, los sitios relacionados con el evento, son blancos de ciber-ataques.
Hace años que sucede esto y en algunos casos hasta ha tenido consecuencias positivas. Antes del mundial de fútbol Brasil 2014, se sabía de amenazas a la organización del evento sobre la posibilidad de interrupciones en sus sistemas. Dos años más tarde, lo mismo sucedía con los juegosolímpicos de Rio 2016.
Como consecuencia de estas amenazas, Brasil se preparó tan fuertemente para defenderse que hasta casi significó la creación misma del área de Ciberdefensa, el ComDCiber que hoy está activo, funciona plenamente y sigue invirtiendo en cada vez más en medidas de ciber-protección a nivel nacional.
Esto ocurre desde hace años juego tras juego, por lo que los Juegos Olímpicos de Invierno que se llevan a cabo en este momento en PyeongChang, Corea del Sur tampoco son ajenos. Y esta vez las contramedidas parecen no haber sido suficientes. Durante el mismo momento en que se producía la ceremonia inaugural el pasado 9 de febrero, un grupo hasta ahora no identificado (aunque hay fuentes que aseveran que fueron hackers rusos), bloqueó el acceso a Internet y algunas transmisiones, hizo aterrizar los drones con las cámaras, bajó el sitio web oficial e impidió que los espectadores imprimieran sus reservas. El ataque fue denominado “Olympic Destroyer” y el malware involucrado tenía por objetivo destruir los recursos compartidos de red a los que se tuviera acceso desde el equipo infectado. El malware, al parecer, estaba diseñado para producir el mayor daño en el menor tiempo posible.
Si bien este ataque se produjo el 9 de febrero, comenzó en realidad tiempo antes. En diciembre del año pasado, los miembros de la organización de los Juegos fueron blanco de phishing, cuyo objetivo fue el de obtener información interna de los sistemas asociados a los Juegos para hacer mucho más eficiente el ataque final. Lo interesante de este ataque, fue que esta vez se utilizó un método novedoso en la que se envía adjunto al email falso, un documento de Word que contiene un script malicioso. Lo que realmente llama la atención por su novedad, es que el código malicioso se esconde dentro de los pixels de imágenes adjuntas lo que lo hace indetectable a los antivirus. Es por esto que probablemente muchos de estos ataques hayan sido exitosos y logrando la interrupción de servicios del primer día del evento. Es obvio que fallaron los antivirus por no estar preparados para este tipo de ataques, pero falló algo más; la concientización, los usuarios que a pesar de todos los cursos, charlas y avisos que suponemos tuvieron, abrieron un adjunto de un email falso.
Pero, ¿por qué atacar a los Juegos? Existen varias teorías al respecto así como análisis más serios y profundos que indican que el momento de un evento de estas características posee gran atractivo para convertirlo en blanco de ciber-ataques. A pesar de la organización, la realidad es que, como indica el informe de Berkeley, en estos eventos la ciber-superficie de ataque es infinita. Es imposible mitigar el riesgo de todos los dispositivos interconectados, el volumen, la variedad, la heterogeneidad; la distribución geográfica es tal que los hace incontrolables. Sistemas de puntuación, dispositivos que miden el estado de salud de los competidores, control de entradas, dispositivos de transmisión de los medios de prensa, medios de transporte, sin contar con los sistemas de control propios de los estadios y los dispositivos personales de cada participante, organizador o visitante; todo esto conectado de una forma u otra a la misma red.
Por otra parte, la cantidad de tecnología involucrada en estos eventos no sólo es inmensa, sino que además es crucial para el desarrollo del evento que no podrían realizarse sin ésta. Esto lo vuelve un verdadero desafío para los organizadores que tratan de extremar las medidas de ciber-protección, así como para los atacantes que ven terreno propicio para introducirse en los sistemas del próximo evento y demostrar que las medidas de protección no alcanzan.
Veremos qué pasa en el mundial de Rusia. Y Buenos Aires, ¿cuán preparada está para los Juegos Olímpicos de la Juventud de Octubre, ¿quién ganará la partida?
 
Nota por Carlos Benitez